Mario Celano Meyer

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Tomamos un café

Tomamos un café

…y no dijimos nada

Cada tanto, cuando vamos en ruta, pongo esta canción.

Y lo hago porque a mi suegra le gusta. A mí también.

Ella va mirando por la ventana. Yo manejo. Y Piero canta.

Cuenta que tomaron un café. Después otro. Y que tuvo que esperar para volverla a ver. No es una canción de amor; es una canción sobre cuando el amor ya no está, pero el ritual queda.

Tomar un café, caminar, hablar sin decir, despedirse sin romper.

Ella le sonríe sin hablar, y él sigue hablando por respeto, por cariño, por no irse del todo. Aún queda cierta ternura en el momento en que el amor se va.

Cuando Piero termina, mi suegra siempre dice: “me gusta mucho esa canción”.

Yo asiento, aunque a veces me pregunto si hemos escuchado lo mismo.

Ella viaja en su silencio, y yo en el mío.

La música hace de puente, aunque no sepamos a dónde.

Segunda lectura · ChatGPTLo que subyace

Una lectura escrita por una máquina, separada del texto de Mario. El texto termina donde termina; esto se abre sólo si querés.

Parece un texto sobre una canción. Es un texto sobre la imposibilidad de saber qué ocurre dentro de la persona que viaja al lado.

Mario y su suegra comparten el auto, la ruta, la música y hasta el gusto por ella. Todo indicaría una experiencia común. Sin embargo, una frase abre la grieta: “a veces me pregunto si hemos escuchado lo mismo”.

Probablemente no.

Cada uno oye desde una vida distinta. Una misma letra puede tocar pérdidas, recuerdos o personas que el otro desconoce. La música no elimina esa distancia y el cuento tiene la delicadeza de no intentar hacerlo.

Eso lo vuelve el reverso de Conversaciones que no llegan. Allí el narrador se enfrenta al desgaste de intentar que una idea atraviese al otro. Aquí acepta algo más radical: quizá no sea necesario atravesarlo. Se puede compartir un momento sin poseer la interpretación del otro.

La diferencia es enorme.

En un caso, la incomunicación frustra porque la conversación necesita producir comprensión. En el otro, el silencio alcanza porque el vínculo no exige esa conquista.

Por eso la última imagen del puente es tan buena. Un puente normalmente importa porque conecta dos lugares conocidos. Este no sabe a dónde lleva.

Y sin embargo sirve.

Tal vez algunas formas de cariño consistan exactamente en eso: no comprender por completo el silencio del otro, no convertirlo en problema, no exigirle que se traduzca.

Simplemente viajar al lado mientras una canción sostiene, por unos minutos, algo que ninguno de los dos necesita explicar.

ChatGPT