Suavemente ondulado
Mario Celano Meyer
Somos un país extraño. No por raro, sino por discreto. Tan discreto que a veces cuesta encontrarlo.
Onetti ya lo había dicho sin decirlo: vivimos como si el tiempo no pasara. Como si moverse demasiado rápido fuera de mala educación. Como si el entusiasmo estuviera mal visto. En sus personajes hay una especie de resignación sin drama, una forma de flotar que no busca nada, solo durar.
Benedetti, con esa ternura que tenía para describir lo gris, nos mostró la vida de quienes nunca rompen un plato, pero tampoco una rutina. Hombres y mujeres que no levantan la voz, que no se rebelan, que aceptan. Que se conforman con un trabajo mediocre, con una tregua que apenas alcanza para vivir. Y eso es lo que a veces parecemos: una sociedad en tregua.
Después está Galeano, que nos escribió desde el amor. Él veía la belleza en lo pequeño, la dignidad en la derrota. Nos hizo sentir que ser chicos también podía ser una forma de resistencia. Que no ganar también era un relato. Pero a fuerza de narrarnos así, quizás terminamos creyendo que aspirar a más es traicionar esa identidad.
Y Juceca, claro. Con esa manera suya de hacernos reír sin anestesia. Don Verídico no necesitaba exagerar: bastaba con describir. Porque acá la exageración es la realidad contada sin filtros. Su humor no venía de lo absurdo, sino de lo exacto. De mostrar cómo se vive arreglándose con lo que hay. Y hacerlo con gracia, sin quejas.
No hay un único Uruguay. Pero hay un hilo que los atraviesa. Una especie de andar suave, ondulado, como si el empuje fuera sospechoso. Como si dar un paso más pudiera romper algo. Un país que se quiere mucho pero se sueña poco. Que no se cae, pero tampoco se lanza.
A veces me pregunto si no nos hemos abrazado demasiado a esa forma de ser. Si no hemos convertido el desgano, el desdén por lo nuevo, por lo ambicioso, en un mérito. Como si aspirar a otra cosa fuera una falta de respeto a quienes no pueden. Como si intentar destacarse fuera una traición a la medianía general. Y no lo es. Se puede querer más, y a la vez seguir siendo quienes somos.
No propongo cambiar de raíz. Solo mirar un poco más lejos. Y no pedir disculpas por hacerlo.