Con el permiso de los demás
Mario Celano Meyer
Con el permiso de los demás
(fragmento encontrado en un cuaderno, sin firma, entre anotaciones y restos de otras ideas)
A veces te felicitan como si te absolviesen. Como si el éxito, en vez de simplemente celebrarse, debiera justificarse. “Me alegro por vos”, dicen. Y enseguida: “Porque sé que vos te lo ganaste”.
Como si alegrarse fuera un privilegio que se otorga. Como si hiciera falta ser aprobado. Como si la felicidad necesitara una carta de recomendación moral.
Acá el éxito no se festeja. Se tolera. Pero solo si no incomoda, si no se nota, si no brilla demasiado, si no ilumina rincones ajenos y oscuros.
Y entonces, el que triunfa, aprende a disimular. A pedir disculpas en forma de silencio. A hacerse más chico para no molestar. A ocultar la alegría para no provocar.
“Vos sí”, te dicen, “porque yo sé cómo sos vos”. Y parece cariño, pero es un juicio. Un permiso firmado. Una advertencia encubierta.
¡Hay que aprender a correrse del medio! A no felicitar desde el pedestal de juez. Porque nadie necesita una celebración que venga del pedestal de juez. Lo que molesta no es el gesto, sino la condición que lo acompaña.