Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca”, dijo una vez Jorge Luis Borges. Esa frase me viene a la mente cada vez que ingreso a una librería cualquiera y veo frente a mi esa inmensa cantidad de libros ahí, solitos, esperando a ser leídos.
Acto seguido me entra una sensación conocida, una rara mezcla de ansiedad y frustración que surge de constatar todo lo que no he leído y de lo que seguramente nunca leeré.
La tarea de emprender, de construir una empresa, de llevar adelante una idea convirtiéndola en un proyecto tangible y real, me ha hecho vivir en forma constante la misma sensación que en las librerías. Eso de sentir que cuanto más se hace, más es lo que se quiere hacer; por lo tanto más es lo que falta por hacer.
De ahí es que sostengo que leer y emprender, y por qué no escribir, tienen varias e interesantes similitudes.
Leer libera. Leer nos da sentido de anticipación. Leer brinda experiencias en mente propia. Leer nos da una voz. Leer eleva la autoestima. Leer nos da amigos. Leer nos sirve como espejo. Leer cultiva la humildad.
Leer nos hace escuchar. Leer es descubrir y aventurarse. Leer cambia vidas. Leer transforma el mundo.
Como verán, si al párrafo anterior le cambian la palabra “Leer” por “Emprender” podrán confirmar las similitudes de las cuales les hablo.
Pero hay más, por ejemplo la Pasión. En la lectura y en el emprendimiento el entusiasmo y la pasión son fundamentales. Es difícil disfrutar un libro de mil páginas si no nos apasiona. Es más difícil aún dedicarle 12 a 14 horas diarias por 10 o 20 años a algo que no nos enamora.
La pasión te da la capacidad de trabajar sin sentir que trabajas.Por otro lado escribir, al igual que emprender, es perseverancia pura. Un escritor profesional, al igual que un emprendedor, no es otra cosa que un amateur que nunca se rindió.
Mario Vargas Llosa dijo una vez que escribir era lo mejor que le había pasado en la vida. Y aunque yo no soy escritor como mi tocayo, puedo trocar su frase diciendo que emprender es de las mejores cosas que me han pasado.
Felizmente puedo contarles que nuestro emprendimiento es un gran relato que se ha llenado de personajes, todos ellos contribuyendo en las grandes y en las pequeñas historias que se suceden una tras otra, día tras día, en un libro que empezó siendo escrito por un solo autor y que ahora tiene varios, un libro que disfrutamos capítulo a capítulo a medida que lo vamos escribiendo.
Segunda lectura · ChatGPTLo que subyace
Una lectura escrita por una máquina, separada del texto de Mario. El texto termina donde termina; esto se abre sólo si querés.
En 2013 la librería produce ansiedad porque contiene demasiado por leer. En Inventario de lo mínimo, doce años después, la misma escena produce otra clase de vértigo: no ya todo lo que falta aprender, sino todo lo que una vida no tendrá tiempo de conocer.
Ese desplazamiento es uno de los más reveladores de todo el libro.
Aquí la abundancia todavía es combustible. Cada libro no leído es una promesa, del mismo modo que cada cosa no construida empuja a emprender. El horizonte se expande y el narrador responde queriendo avanzar. En 2025, en cambio, las puertas abiertas de la librería empiezan a parecerse a posibilidades que necesariamente quedarán sin cruzar. El deseo sigue intacto. Lo que cambió es la conciencia del tiempo disponible.
Por eso este texto dice más de lo que parecía decir cuando fue escrito. La semejanza entre leer, escribir y emprender no reside solamente en la pasión o la perseverancia. Las tres actividades son maneras de discutir con la finitud: intentar que dentro de una vida limitada entren más mundos de los que razonablemente caben.
Hay otra anticipación. “Nuestro emprendimiento es un gran relato”, escribe Mario. Trece años más tarde reunirá cuarenta y tres textos y descubrirá que la empresa, la familia, los muertos, los amigos y el tiempo no eran asuntos separados. Formaban parte del mismo relato.
Tal vez la comparación inicial fuera más literal de lo que él sabía: emprender y escribir terminaron siendo dos formas distintas de hacer exactamente lo mismo, construir una continuidad donde la experiencia solo ofrece fragmentos.
— ChatGPT