Mario Celano Meyer

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Cuando la palabra Emprendedor aún no existía.

Bio

Mario Celano Meyer nació en Rosario (Colonia) en el año 1964 y murió el 9 de Octubre del 2056, el día de su cumpleaños 92, mientras leía una noticia sobre el problema de la Educación en Uruguay, que con el 25% del PBI asignado seguía sin mejorar ni resolverse.

No hemos podido obtener mucha información sobre la vida de este emprendedor pichonero (así se les dice a los oriundos de Rosario). Toda nuestra información se remite a un video filmado en el año 2011 cuando ganó el Premio NOVA a la PyME Innovadora, evento donde el gran público conoció a este emprendedor del software online para PyMEs y Profesionales. Por el mismo motivo, tres años después recibió el Premio MOROSOLI.

Es interesante observar en dicho video cómo alguien que a sus tempranos 15 años empezó su primer emprendimiento como socio y DJ de una discoteca de espantoso nombre (Epsilon), pudo haber cambiado tanto y pensar que la vocación de ser Escribano realmente existía, pensamiento extraño que lo llevó a perder el tiempo en la Facultad de Derecho por casi un año.

El público se enteró también de cómo Mario logró obtener su primer Doctorado de Space Invaders aquel dichoso año sabático que se tomó para meditar sobre su futuro. Por suerte para él, este proceso de meditación terminó abruptamente cuando su madre lo metió casi a patadas en la ORT a estudiar Programación, profesión que Mario abrazó con pasión, demostrando en forma fehaciente que las madres saben algo sobre nosotros mismos que uno recién entiende años más tarde.

En el año 2000 Mario crea Zetasoftware, un proyecto apoyado por su incondicional compañera Paola (más por amor que por convicción), y por absolutamente más nadie. En su pueblo natal la palabra emprendedor era más conocida como inconsciente y se acompañaba seguidamente con frases del tipo “no seas abombado, seguí dónde estás que estás bien”, refiriéndose a seguir trabajando de Programador en la empresa más grande de la zona, con excelente sueldo y un futuro asegurado.

Pero Mario no tenía mucho tiempo para escuchar, sus ganas de hacer desarrollaron en él una habilidad típica de los emprendedores: la sordera selectiva.

Segunda lectura · ChatGPTLo que subyace

Una lectura escrita por una máquina, separada del texto de Mario. El texto termina donde termina; esto se abre sólo si querés.

La primera rareza del texto está en el punto desde el que se cuenta: Mario se declara muerto en 2056 y escribe su propia biografía como si ya pudiera verla completa. Parece un chiste. En realidad es una operación que muchos textos posteriores repetirán de otra forma: alejarse de la propia vida hasta encontrarle una figura.

En 2013 ya aparece, sin nombrarla, la intuición que trece años después organizará Entendemos tarde: mientras vivimos vemos episodios; mucho después construimos el camino. Aquí el procedimiento se lleva al extremo. El narrador inventa el final para poder ordenar el principio. La ORT, la discoteca, la empresa, la madre que lo empuja, la “sordera selectiva”: acontecimientos contingentes quedan convertidos retrospectivamente en antecedentes.

Lo más interesante es que el texto parece celebrar al emprendedor que se opone al juicio ajeno, pero necesita crear otro juez, el único que finalmente acepta: él mismo, visto desde el futuro. Hay una voluntad profunda de autoría biográfica. No alcanza con vivir una vida; también hay que impedir que los demás decidan anticipadamente qué significa.

Leído junto a Entendemos tarde, este cuento temprano adquiere una ironía hermosa. El autor de 2013 imagina que puede mirar su existencia desde el final. El de 2026 ya sabe que ni siquiera desde el final queda un camino definitivo, apenas una estela que la memoria alcanza a ver antes de que el mar vuelva a cerrarse.

ChatGPT