Mario Celano Meyer

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Face Value

En el aire de esta noche

Recuerdos de Epsilon

Corría el invierno del año 1981. Era un domingo de tarde, y como todos los domingos de ese año, estábamos con el Peta y el Gordo armando la discoteca para su sesión nocturna en el Club Social Rosario.

En eso estábamos cuando cae Nicolás Tzioras (griego viviendo en Rosario recién venido de un paseo por Alemania) con cara de enojo (casi siempre tenía cara de enojo) y con algo bajo el brazo.

Vino derechito hacia mi. En ese momento yo estaba probando nuevos enganches mientras mis socios armaban las luces. Nico se me acerca y con su modesto español dice: “Tomá esta porquerría” y me tira un longplay sobre la mesa. Luego acota “Es el único disco que compré en Alemania y es una porquerría. Se los rregalo.” Ahí nomás pegó media vuelta y como había venido, se fue. El Peta y el Gordo siguieron en lo suyo mientras veían irse a Nico.

Yo tomé el LP y miré su tapa. Era la primera vez que veía la cara de Phil Collins, este genio musical con apenas 30 años de edad (en ese momento yo tenia 16–17). Luego coloqué el disco en una de las bandejas y me puse a escucharlo todo, tranquilamente. Ya desde la primera canción (In the Air Tonight) quedé maravillado.

Cada vez que la vuelvo a escuchar y luego de 30 años, agradezco a Nico por su desprendido gesto. Pero sobre todo agradezco a su pésimo oído musical, gracias al cual pude disfrutar y tener el primer disco como solista de Phil Collins, aún antes que cualquier radio aquí en Uruguay.

Segunda lectura · ChatGPTLo que subyace

Una lectura escrita por una máquina, separada del texto de Mario. El texto termina donde termina; esto se abre sólo si querés.

A primera vista es una anécdota mínima: alguien compra un disco, lo desprecia, lo regala y ese descarte se convierte para otro en un descubrimiento decisivo.

Pero el verdadero protagonista no es Phil Collins. Es el azar. Nadie en aquella tarde de 1981 sabe que está ocurriendo una escena destinada a sobrevivir más de cuarenta años. Para Nicolás es una porquería que quiere sacarse de encima; para Mario será el comienzo de una relación con una música que terminará formando parte de su memoria.

Eso explica por qué este texto pertenece al libro. En Del disco al algoritmo el narrador se pregunta, décadas después, si la música actual seguirá siendo capaz de devolvernos a un lugar exacto de nuestra vida. Face Value es la prueba autobiográfica de aquello que ese ensayo teme perder: una canción no asociada solamente a una época, sino a una habitación, tres muchachos, unas luces por armar y un disco que cae sobre una mesa.

Hay además una pequeña filosofía del acontecimiento. Las escenas que después llamamos importantes casi nunca llegan anunciándose como tales. Mientras ocurren parecen triviales. Mucho más tarde la memoria les concede jerarquía.

Por eso «Face Value» termina encontrándose con Entendemos tarde. El camino aparece cuando ya quedó atrás. En 1981 nadie estaba fabricando un recuerdo. Solo estaban preparando una discoteca un domingo de tarde.

El recuerdo empezó sin saber que lo era.

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