Sin demasiada ceremonia
Mario Celano Meyer
Hay vidas que uno deja atrás sin demasiada ceremonia. No porque hayan estado mal. Simplemente un día ya no tienen lugar. Pasa con una manera de trabajar, con una ambición, con ciertas certezas, con gente, con lugares, con formas de mirar las cosas. Y no siempre se siente como una pérdida. A veces apenas te das cuenta.
Lo extraño es mirar hacia atrás y reconocer perfectamente a la persona que eras, aunque ya no quieras volver a serla. Esa persona hizo lo que pudo, quiso lo que quiso, creyó en cosas que quizás hoy ya no significan demasiado. En aquel momento significaban.
Después algo cambia. A veces mucho, a veces casi nada. Y con los años vuelve a cambiar. Desde afuera seguimos pareciendo los mismos. Por dentro hay cosas que fueron dejando de ser nuestras sin que sepamos bien cuándo. Algunas las creíamos inseparables de nosotros. Sin embargo, acá estamos.
Nunca tuve demasiado problema con eso. Quizás porque algunas cosas, cuando terminan, simplemente terminan. No necesitan convertirse en un fracaso ni ser defendidas para siempre solo porque alguna vez fueron importantes.
Por eso hay algo en esa idea de dejarse morir que me resulta tan natural.
No morirse.
Dejarse morir.
Que no es lo mismo.